viernes, 25 de octubre de 2013

Agradecimientos tesis licenciatura historia

Una tesis no sólo significa una investigación en donde demuestras tus habilidades. Es la cumbre de un gran círculo para poder comenzar otros; un suceso que arrastró emociones y conocimientos; así como el acercamiento a diversas formas de pensar de numerosas personas que ayudaron a forjar ideas y que pueden reflejarse en este texto.

A lo largo de este camino se aprendieron diferentes cosas y, supongo que por eso es importante agradecer, porque si no fuera por ellas, no hubiera podido concluir esta tan importante etapa. A lo que primero le tengo que dar gracias es a la Universidad Autónoma de Coahuila, que conocí al entrar al Ateneo Fuente, y por la que me puedo considerar orgullosamente Lobo; ocho años no son fáciles de olvidar.

También estoy agradecida con la Escuela de Ciencias de la Comunicación porque conocí grandes maestros: Javier Villareal, Alfonso González, Carmen Tijerina, Manuel Reyes, Miguel Barroso y todos los profesores que me rodearon en mi estancia, pero en especial con Gabriela de la Peña y Francesco Gervasi que me guiaron en mi primera tesis Imaginario saltillense sobre las comunidades indígenas y el papel de los medios masivos de comunicación, estando presentes, también, en la segunda. A Gaby, por las largas pláticas que tuvimos no sólo sobre la escuela o la tesis, sino por ser una persona que me permitió acercarme cuando más lo necesitaba. A Francesco, por estar ahí cuando me emocionaba por los resultados de mi tesis; también por pasarme todos los libros electrónicos que me han servido en muchos momentos. Pero en especial, porque no sólo fueron mis maestros, sino mis amigos.

La Escuela de Ciencias Sociales, porque me demostró que la historia no es sólo una carrera sino una pasión; que no es una profesión, sino una vocación. Porque me encontré con grandes maestros que fueron añadiendo día con día conocimientos que me demostraron que en definitiva escogía la carrera adecuada. Agradecer por los grandes momentos: enojos, discusiones, risas y por supuestos las salidas a tomar, donde se hacían las mejor discusiones teóricas e historiográficas.

A mis sinodales, Carlos Recio y Hernán Venegas que escogí no sólo por la sapiencia que aportaron a mi tesis, sino por su presencia a lo largo de esta licenciatura. A Recio, por invitarme a participar en una investigación, que no sólo amplió más mis conocimientos, sino me demostró que confiaba en mí. Y a Hernán, porque cuando quería declinar con la carrera, al no creerme capaz, me decía que cometía un error. Por supuesto agradecer por seguir presentes después de haber concluido y por creer que puedo realizar grandes cosas.

No sólo fueron importantes mis maestros; los amigos que conocí en las dos escuelas también me ayudaron en  mi formación. De Ciencias de la Comunicación a Irene y a Muza; Irene que me regañaba para que hiciera bien los trabajos y que salieran mejor, nunca me dejó sola; tampoco es fácil olvidar las noches sin dormir, que pasamos juntas, terminando trabajos finales de Comunicación, mientras estudiaba un examen para Historia, del día siguiente; claro acompañados de unas cuantas cervezas. De Muza, porque lo quiero y lo extraño cada día; por estar conmigo paleografiando las tareas cuando terminábamos una clase temprano, porque me acompañaba a dormir debajo de los escritorios antes de comenzar la otra clase, pero en especial por las grandes risas y por alegrarme los días en esa escuela con su compañía. De historia, a todos mis compañeros, pero en especial a Omar, Alexander y Nacho: las más grandes peleas que he enfrentado, los trabajos en equipo, dejarnos de hablar durante semanas, pero después arreglar todo en un segundo para continuar con las risas y  con nuestras pláticas.

Pero también a mis mejores amigas Ana e Indira que conozco de la prepa. Por los sueños que compartimos y que vemos cumplir. Porque a pesar de las diferencias seguimos juntas y porque a pesar de los problemas continuaremos queriéndonos.

En definitiva, mi familia también fue importante, no cualquiera es capaz de soportarme y menos estando de tesista; horas de aguantarme por el enojo debido al estrés acumulado; muchas horas de dormir hasta tarde, por las noches de desvelos. Mi papá y mi mamá que al menos fingían interesarse por mis temas, por prepararme una rica merienda y por sentarse a mi lado en la madrugada sólo para verme escribir. Por estar ahí y porque gracias a ellos soy quien soy. Y claro las grandes dudas existenciales que creaba mi papá en mi cabeza a la hora de la comida, pero que me hicieron crecer.

A Domi y Paco, porque los amo y porque quisiera que estuvieran aquí, pero que están presentes desde el D.F, porque los recuerdos que tengo de mi niñez se debe a su presencia. A Dino y a Dani por estar conmigo y por todas las tonterías que hemos llegado a hacer juntas. Por ser mis hermanos, y simplemente por estar conmigo.

Por supuesto, Carlos Valdés. No sólo mi director de tesis y uno de los mejores historiadores, sino una persona que inspiró todos los días esta carrera. Porque fue él quien me recomendó grandes libros, me corrigió durante horas todos los detalles de mi tesis y por supuesto también otros trabajos; porque fue quien me hizo darle un sentido a ella cuando parecía un rompecabezas sin armar. Porque esta tesis no pudo haber concluido ni empezado sino fuera por él.

Pero sobre todo dedico esta tesis a mi abuelito Raziel, que casi no conocí porque falleció hace muchos años. Pero que hizo que me interesara en leer historia para sentirme un poco cerca de él. Porque sus escritos fueron los primeros textos que leí y porque si no fuera por eso no hubiera elegido esta carrera; inspirándome cada momento, obligándome a continuar cada vez que creía no poder. Porque gracias a él aprendí que la historia no es sólo el pasado, sino que es el presente y futuro, demostrando que su presencia continuará al menos en mi persona y en mis escritos. Porque a través de él conocí primero qué es la historia.