A
lo largo de este camino se aprendieron diferentes cosas y, supongo que por eso
es importante agradecer, porque si no fuera por ellas, no hubiera podido concluir
esta tan importante etapa. A lo que primero le tengo que dar gracias es a la
Universidad Autónoma de Coahuila, que conocí al entrar al Ateneo Fuente, y por
la que me puedo considerar orgullosamente Lobo; ocho años no son fáciles de
olvidar.
También
estoy agradecida con la Escuela de Ciencias de la Comunicación porque conocí
grandes maestros: Javier Villareal, Alfonso González, Carmen Tijerina, Manuel
Reyes, Miguel Barroso y todos los profesores que me rodearon en mi estancia, pero
en especial con Gabriela de la Peña y Francesco Gervasi que me guiaron en mi
primera tesis Imaginario saltillense
sobre las comunidades indígenas y el papel de los medios masivos de
comunicación, estando presentes, también, en la segunda. A Gaby, por las
largas pláticas que tuvimos no sólo sobre la escuela o la tesis, sino por ser
una persona que me permitió acercarme cuando más lo necesitaba. A Francesco,
por estar ahí cuando me emocionaba por los resultados de mi tesis; también por
pasarme todos los libros electrónicos que me han servido en muchos momentos.
Pero en especial, porque no sólo fueron mis maestros, sino mis amigos.
La
Escuela de Ciencias Sociales, porque me demostró que la historia no es sólo una
carrera sino una pasión; que no es una profesión, sino una vocación. Porque me
encontré con grandes maestros que fueron añadiendo día con día conocimientos
que me demostraron que en definitiva escogía la carrera adecuada. Agradecer por
los grandes momentos: enojos, discusiones, risas y por supuestos las salidas a
tomar, donde se hacían las mejor discusiones teóricas e historiográficas.
A
mis sinodales, Carlos Recio y Hernán Venegas que escogí no sólo por la
sapiencia que aportaron a mi tesis, sino por su presencia a lo largo de esta
licenciatura. A Recio, por invitarme a participar en una investigación, que no
sólo amplió más mis conocimientos, sino me demostró que confiaba en mí. Y a
Hernán, porque cuando quería declinar con la carrera, al no creerme capaz, me
decía que cometía un error. Por supuesto agradecer por seguir presentes después
de haber concluido y por creer que puedo realizar grandes cosas.
No
sólo fueron importantes mis maestros; los amigos que conocí en las dos escuelas
también me ayudaron en mi formación. De
Ciencias de la Comunicación a Irene y a Muza; Irene que me regañaba para que
hiciera bien los trabajos y que salieran mejor, nunca me dejó sola; tampoco es
fácil olvidar las noches sin dormir, que pasamos juntas, terminando trabajos
finales de Comunicación, mientras estudiaba un examen para Historia, del día
siguiente; claro acompañados de unas cuantas cervezas. De Muza, porque lo
quiero y lo extraño cada día; por estar conmigo paleografiando las tareas
cuando terminábamos una clase temprano, porque me acompañaba a dormir debajo de
los escritorios antes de comenzar la otra clase, pero en especial por las
grandes risas y por alegrarme los días en esa escuela con su compañía. De
historia, a todos mis compañeros, pero en especial a Omar, Alexander y Nacho:
las más grandes peleas que he enfrentado, los trabajos en equipo, dejarnos de
hablar durante semanas, pero después arreglar todo en un segundo para continuar
con las risas y con nuestras pláticas.
Pero
también a mis mejores amigas Ana e Indira que conozco de la prepa. Por los sueños
que compartimos y que vemos cumplir. Porque a pesar de las diferencias seguimos
juntas y porque a pesar de los problemas continuaremos queriéndonos.
En
definitiva, mi familia también fue importante, no cualquiera es capaz de
soportarme y menos estando de tesista; horas de aguantarme por el enojo debido
al estrés acumulado; muchas horas de dormir hasta tarde, por las noches de
desvelos. Mi papá y mi mamá que al menos fingían interesarse por mis temas, por
prepararme una rica merienda y por sentarse a mi lado en la madrugada sólo para
verme escribir. Por estar ahí y porque gracias a ellos soy quien soy. Y claro
las grandes dudas existenciales que creaba mi papá en mi cabeza a la hora de la
comida, pero que me hicieron crecer.
A
Domi y Paco, porque los amo y porque quisiera que estuvieran aquí, pero que
están presentes desde el D.F, porque los recuerdos que tengo de mi niñez se
debe a su presencia. A Dino y a Dani por estar conmigo y por todas las
tonterías que hemos llegado a hacer juntas. Por ser mis hermanos, y simplemente
por estar conmigo.
Por
supuesto, Carlos Valdés. No sólo mi director de tesis y uno de los mejores
historiadores, sino una persona que inspiró todos los días esta carrera. Porque
fue él quien me recomendó grandes libros, me corrigió durante horas todos los
detalles de mi tesis y por supuesto también otros trabajos; porque fue quien me
hizo darle un sentido a ella cuando parecía un rompecabezas sin armar. Porque
esta tesis no pudo haber concluido ni empezado sino fuera por él.
Pero
sobre todo dedico esta tesis a mi abuelito Raziel, que casi no conocí porque
falleció hace muchos años. Pero que hizo que me interesara en leer historia
para sentirme un poco cerca de él. Porque sus escritos fueron los primeros
textos que leí y porque si no fuera por eso no hubiera elegido esta carrera;
inspirándome cada momento, obligándome a continuar cada vez que creía no poder.
Porque gracias a él aprendí que la historia no es sólo el pasado, sino que es
el presente y futuro, demostrando que su presencia continuará al menos en mi
persona y en mis escritos. Porque a través de él conocí primero qué es la
historia.
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